El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque El crepúsculo llenó de sombras la selva, largas y rastreras, como espectros. De repente, el relincho de los caballos y su nervioso patear sobresaltó a los hombres.
—¿Qué habrá sido lo que ha asustado de este modo a los caballos? —preguntó Anson poniéndose en pie—. ¡Vamos a ver!
Moze le acompañó y ambos desaparecieron en la oscuridad. Oyéronse nuevas pisadas de caballos, el quebrar de algunas ramas y voces de hombre. Poco tiempo después volvÃan los dos bandidos, conduciendo del ronzal a tres caballos que habÃan encontrado en la cañada.
A la luz de la hoguera, la cara de Anson aparecÃa fosca y grave.
—Jim —dijo—, estos caballos están más asustados que si fueran ciervos. Yo cogà el mÃo y Moze se apoderó de los otros dos; pero los demás huyeron despavoridos en cuanto nos acercamos. Alguna alimaña los ha asustado.
Wilson se puso en pie, moviendo su cabeza dubitativamente. En aquel mismo momento sonó un relincho salvaje y desesperado de un caballo asustado. A este relincho siguieron otros varios de terror y patadas de animales pugnando por desatarse. Anson corrió a detener su caballo, que no se atrevió a soltar hasta que los relinchos y la alarma cesaron.