El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —¡Atención!
Anson permaneció un buen rato quieto, escuchando. Sus ojos miraban a una y otra pare. Impuso silencio a todos con un signo de la mano.
Un tercer sonido más extraño acompañó al lúgubre gemido del viento y el susurro burlón del arroyo. Hubiérase dicho que por las cercanÃas sonaba alguna voz del otro mundo, mezclada con los mil y un rumores de la selva.
—¿Si fuera el rugido de algún felino que amenazara nuestro campamento? —insinuó Anson.
—En todo caso, aún está bastante lejos —repuso Wilson.
Shady Jones y Moze emitieron también sus opiniones.
Todos respiraron con más tranquilidad cuando pasaron varios minutos sin que la extraña y alarmante voz volviera a dejarse oÃr. Un impenetrable muro de sombras rodeaba el pálido espacio iluminado por el fuego del campamento. Este breve espacio contenÃa el sombrÃo grupo de hombres, la mortecina hoguera, unos cuantos árboles espectrales y los caballos que, por estar con las patas maneadas, apenas podÃan moverse, pero que levantaban la cabeza y erguÃan las orejas en señal de atención a todas las peculiaridades de la noche.
