El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Los tres bandidos sé miraron, sin atreverse a creer ni a rechazar de plano él tétrico augurio dé su compañero.
Wilson, murmurando palabras entré dientes, se alejó hasta el bordé del cÃrculo iluminado, y volvió atrás otra vez. Se alejó dé nuevo, casi hasta perderse dé vista ésta vez, para regresar igualmente. La tercera vez desapareció entre la frondosidad del bosque. Los tres hombres qué quedaron junto al fuego, apenas si movÃan ningún músculo al mirar el sitio por donde desapareció. Pocos momentos después volvió Wilson con paso inseguro y vista alarmada.
—No hay duda de qué se muere —dijo—. Me ha costado, pero la he mirado a la cara. Aquél alarido extraño qué oÃamos es él estertor de su agonÃa. Es él airé que al pasar por su garganta estrechada por las convulsiones de la muerte producÃa aquél sonido largo y estridente.
—Si se a de morir —dijo Anson—, hágalo cuanto antes. Tres noches llevo sin dormir y necesito un poco dé whisky.
—Eso es hablar con sentido —declaró Shady Jones.