El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —¿Habéis oído algo? —jadeó, mirando atrás y alrededor suyo y por fin a sus hombres.
—No, y te aseguro que miraba y escuchaba —respondió Wilson.
—No hemos oído nada, patrón —declaró Moze.
—Yo tengo los sentidos más agudos —declaró Shady Dones—; a mí me parece haber percibido algo.
—La muchacha no está allí —declaró Anson, con expresión de mal contenido terror—. Se ha marchado. Mi antorcha se apagó. No he podido ver nada. En la oscuridad he creído sentir algo que pasaba de prisa, haciéndome estremecer. He mirado a mi alrededor, todo estaba oscuro. No obstante, me ha parecido ver un cuerpo gris; algo positivamente real, o yo estoy más loco que la muchacha. Pasó tan de prisa, que hubiera podido confundirse con una ráfaga.
—¡Desaparecida! —exclamó Wilson, alarmado—. Amigos míos, eso indica bien claro que ha muerto ahora vaga por estos bosques, porque de que está muerta no cabe la menor duda. Yo le ausculté el corazón y no le latía.
—Yo me marcho ahora mismo de aquí —declaró Shady Jones, levantándose dispuesto a huir.
Moze aprobó con la cabeza la decisión de su compañero, disponiéndose a imitarle.