El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Jim; si la muchacha ha muerto, ¿cómo quieres que se haya ido? —dijo, malhumorado, Anson—. Me parece que estamos todos más locos que ella. Hablemos con sentido.
—Anson, te aseguro que hay en el mundo muchas más cosas de las que tú y yo presumimos —repuso Wilson—. Estamos rodeados de misterios. A mà no me sorprende nada de lo que pueda suceder.
—¿Qué es eso? —exclamó Anson, volviéndose de un salto y desenfundando el revólver, como si hubiera creÃdo oÃr súbitamente algo detrás de él.
Una enorme sombra, grisácea, informe, pasó, efectivamente, entre los hombres y los árboles, arrastrando tras sà el aire.
—Snake, yo no he visto nada —aseguró Wilson.
—Yo sà —manifestó Shady Jones.
—Ha sido solamente una ráfaga que ha removido esta columna de humo —opinó Moze.
—ApostarÃa mi alma a que ha pasado algo por detrás de mà —declaró Anson, tratando de atravesar con su mirada la densa oscuridad.
—Escuchemos y saldremos de dudas —repuso Wilson.