El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque En terrible sobresalto, el capitán de la banda desenfundó desesperadamente su revólver, disparándolo contra la oscuridad hacia el lugar de donde habÃa partido el grito. Tuvo luego que luchar con su caballo para impedir que se le escapara. Al tiro siguió un intervalo de silencio. Los caballos comenzaron a apaciguarse, los hombres se apiñaron ante el fuego con las manos puestas en la culata de sus revólveres.
—Ha sido indudablemente un felino —dijo Anson.
—De ningún modo —repuso Wilson—; espera y mira.
Todos guardaron silencio, escuchando con los oÃdos dirigidos a diferentes puntos de la selva y tratando de atravesar con su mirada la oscuridad, asustados hasta de sus sombras. De nuevo, únicamente los quejidos del viento mezclados con el burlón e irónico murmullo del agua volvió a dominar el silencio de la cañada.
—Patrón, abandonemos este embrujado rincón —propuso de pronto Moze.
Aun cuando la proposición no podÃa desagradar a Anson, no quiso éste acceder tan fácilmente a lo que se le pedÃa.
—Tenemos tan sólo tres caballos —replicó—, y el mÃo está demasiado asustado para emprender la marcha en las sombras de la noche; no podemos abandonar nuestra impedimenta, y difÃcilmente encontraremos un lugar más seguro.