El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Ocúpate del pan y yo me ocuparé de la carne —dijo Moze a Shady.
Los dos hombres se acercaron al fuego, a unos tres metros del lugar en donde estaba su jefe.
—Muchachos, ¿queréis traicionarme? —murmuró con voz asombrada y amenazadora el herido.
—Patrón, somos los mismos de siempre; pero no podemos ayudarle en nada, y este lugar es poco saludable —repuso Moze.
Shady Jones se apartó un poco, colocándose de un salto encima de su caballo.
—Moze, no vais a dejar a Jim aquà solo —imploró Anson.
—Jim puede quedarse si gusta hasta que eche raÃces —repuso Moze—; yo no quiero permanecer aquà ni un instante más.
—Moze, considera que yo siempre he sido leal contigo —jadeó Anson—. Jim no me abandona. Yo, si tú estuvieras en mi caso, tampoco te abandonarÃa. No nos abandonéis vosotros ahora.
—Snake, a ti te quedan pocos minutos de vida —repuso Moze, con sarcasmo.