El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Creo haberle matado, Snake —respondió, enfundando de nuevo su revólver y poniendo debajo de la cabeza del herido una manta doblada.
—Jim, mis pies están frÃos —dijo Anson.
—No es de extrañar, está haciendo mucho frÃo —replicó Wilson, tomando una manta y colocándola sobre las piernas de Anson—. Snake, me parece que Shady te ha tocado —añadió.
—Su bala me ha rozado un poco —contestó Anson—, pero no tendrÃa importancia esta herida si no tuviera ya mayor daño en el cuerpo.
—Quédate aquà un momento quieto mientras voy a coger el caballo de Shady, que debe de haberse detenido no muy lejos de aquÃ.
—Jim, no hace mucho he vuelto a oÃr el mismo gemido de antes.
—La muchacha se ha ido —repuso Wilson—; esta vez debe de haber sido seguramente algún felino.
Wilson desapareció en la oscuridad. La muralla de tinieblas parecÃa más oscura e impenetrable que nunca. Wilson adelanto cautelosamente, procurando no dar un paso en falso. Avanzaba de árbol en árbol en dirección del mogote. Al llegar a una roca no más alta que un hombre vio, a pesar de la oscuridad de la noche, una forma clara apoyada en ella.
—¿Está usted sin novedad, señorita? —preguntó con interés.