El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —SÃ, hemos de estarle agradecidos toda nuestra vida —repuso Dale—. Wilson, eres un hombre; si algún dÃa quieres abandonar esta banda…
—Dale, no te creas que queda ya aran cosa de la banda. Si tú no sueltas a Burt… —respondió Wilson.
—Ni le herÃ, ni le tengo prisionero —explicó Dale— únicamente le he asustado de tal modo que creo que todavÃa está corriendo. Dime, Wilson, ¿ha sido sangrienta la lucha? Porque he oÃdo todos los tiros.
—Bastante sangrienta.
—¡Oh, Dale!, ha sido terrible, yo la he visto —corroboró Bo.
—Señorita, ya se la explicará usted cuando yo me haya ido; ahora les deseo a los dos buena suerte.
Su voz era frÃa, ligeramente temblorosa.
—¡Dios le ayude, Wilson; no hay duda que es usted de Texas; me acordaré y rezaré por usted toda mi vida! Wilson se separó del cazador y la muchacha, desapareciendo por entre los pinos.