El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Más desgraciada será usted si no arreglamos este asunto con Beasley del único modo que estas cosas se arreglan en este paÃs —repuso Dale deshaciéndose de su amiga por medio de un movimiento rápido.
Pero no menos veloz fue Elena en pasar sus brazos alrededor del cuello, enlazando las manos para sujetarle.
—Milt —le dijo—, estoy leyendo en mi alma. La otra vez, cuando hice esto mismo, usted encontró una disculpa para mÃ. Pero hoy no quiero ocultarle mis sentimientos.
Por evitar que Dale matara a Beasley estaba dispuesta a sacrificar su orgullo y su rubor. La mirada que él le dirigió en aquellos momentos se le grabó a ella en el corazón de un modo indeleble. La emoción que sentÃa casi la distrajo de sus propósitos.
—Elena, en este momento en que es usted objeto de tantas emociones, no me diga usted ni una palabra, rogó el cazador insistiendo en sus propósitos de partir tras Carmichael.
—Usted ha sido mi primer amigo… ¡Oh Dale, yo sé que usted me ama! —exclamó Elena ocultando su rostro en el pecho de su amigo.
—Si necesita usted oÃrlo de mis labios, sÃ, sepa que la amo —confesó Dale.