El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Estas palabras penetraron en el corazón de la muchacha como si hubiesen sido pronunciadas desde lejos. Elena levantó la cabeza con el alma en los labios.
—Si mata usted a Beasley no podré casarme con usted.
—¿Y quién le ha dicho que yo espero casarme? —repuso Dale con honda y amarga sonrisa—. ¿Cree que yo necesito que usted se case conmigo para saldar cuentas? Elena, ésta es la única vez que me ha agraviado. Siento que haya podido usted imaginarse que yo serÃa capaz de aceptar una mano que se me concedÃa por gratitud.
—¡Oh, usted es tan denso como las selvas que habita! —exclamó Elena cerrando los ojos para mejor advertir luego la transfiguración del cazador, para mejor pronunciar la palabra difÃcil—. Milt, yo también le amo.
Estas palabras brotaron trémulas y sinceras desde el fondo del corazón, en donde habÃan estado incubándose desde hacÃa muchos dÃas.
En el tumulto de sentimientos y emociones que embriagaban su pecho, creyó ella entonces sentir que él la cogÃa y levantaba en sus brazos, abrazándola y besándola con ternura y pasión.
—Esas palabras me han dado a conocer la felicidad —exclamó con un suspiro de júbilo inmenso.
—¿Desiste de ir a encontrar a…?