El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Las Vegas Carmichael era un verdadero tejano. En Texas la vida de los cowboys es más violenta, más difÃcil, más agitada, más caballerosa y, generalmente, más corta que en ninguna otra parte. Los únicos que conseguÃan llegar a viejos eran los que más rápidamente sabÃan desenfundar el revólver y hacer blanco.
Los aventureros y primeros colonos del Oeste no habrÃan conseguido nunca hacer el paÃs habitable de no haber sido por estos bravos cowboys, excelentes tiradores, magnÃficos jinetes, sencillos, intrépidos y serenos en el peligro, impávidos ante la muerte.
Las Vegas entro como el huracán en la taberna de Turner. Todos los bebedores comprendieron inmediatamente lo que le llevaba allÃ. Un rayo no hubiera dejado más rápidamente en suspenso las conversaciones. Durante un segundo se oyó en el local el volar de una mosca. Después los concurrentes volvieron poco a poco a respirar, a beber, a moverse. De pronto, los grupos se apartaron retirando sillas y mesas.
La mirada asaeteadora del cowboy se habÃa fijado en Mulvey y el mejicano que estaba con él. Los bebedores dejaron entonces a los tres hombres solos en medio del salón.
—¡Hola, Jeff! ¿Dónde está tu patrón? —preguntó Las Vegas.
