El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Su voz era frÃa, natural, casi amistosa; pero la mirada era poco tranquilizadora. Mulvey y el mejicano palidecieron.
—Supongo que estará en casa.
—¿En qué casa?
—En el antiguo rancho de Auchincloss —respondió Mulvey con voz débil, pero con mirada segura y vigilante.
Las Vegas manifestó su indignación con un respingo. Una oleada de sangre dio a su cara un tinte alternativamente blanco y rojo.
—Jeff, tú has trabajado durante muchos años con Auchincloss, habiendo tenido con él vuestras diferencias, En esto no me he de meter; pero has traicionado a la señorita Elena, y éste ya es asunto mÃo.
Mulvey no intento sincerarse ni disculparse. Su palidez se acentuó ostensiblemente. Una vez más, sin embargo Las Vegas habÃa expresado mucho más con los ojos que con las palabras.
—Pedro, tú eres el sicario de Beasley —fue la acusación de Las Vegas—, y tú fuiste uno de los cuatro me mejicanos que…