El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —¿Qué haces aqu� —le preguntó, con bronco y desabrido acento—. ¿No tienes una muchacha que cuidar? ¡Pues a ocuparte de ella, especie de indio! ¿No te da vergüenza de haberla dejado correr detrás de ti hasta un lugar como éste? ¡Largo de aquà y a cuidar de ella y de Bo, dejándome a mà solo este asunto!
A pesar de lo furioso que estaba contra Dale, Carmichael no habÃa dejado de observar los caballos y los hombres agrupados en la penumbra. Dale cogió a Elena entre sus brazos y sin decir palabra desapareció con ella en la oscuridad. Las Vegas volvió a entrar en la taberna, sin soltar el revólver de la mano. Si algún cambio habÃa habido en los bebedores, sólo fue imperceptible. La expectación habÃa amainado. Turner no tenÃa ya las manos levantadas al cielo.
—¡Que las conversaciones y los juegos continúen como si tal cosa! —ordenó el cowboy—. Pero que nadie intente salir, por poco amor que tenga a su pellejo.
Y diciendo esto volvió a apoyar la espalda en el mostrador, cerca de la botella de vino. Turner comenzó a recoger y ordenar las mesas y las sillas, y los bebedores reanudaron sus interrumpidos juegos y conversaciones, no sin precauciones y recelo. Ninguno se atrevió a acercarse a la puerta. De vez en cuando Turner servÃa las bebidas que se le pedÃan.