El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Porque yo no acostumbró matar a nadie a traición, y en cuanto a encontrar yo a Las Vegas…, dispénseme. TodavÃa me interesa un poco la luz del sol y el aguardiente; eso aparte de que yo no tengo nada que ver con Las Vegas. Si él viniera aquà a la cabeza de unos cuantos hombres con ánimo de echarnos de este rancho, yo entonces lucharÃa; pero nos equivocábamos cuando calculábamos que ésas eran sus intenciones. El pleito ha de ventilarse entre usted y él. Asà lo manifestó el claramente cuando arrojo a Dale a empujones de la taberna.
—¡Dale! Pero ¿está aquà Dale? —preguntó Beasley, estupefacto.
—Entro en la taberna un minuto después de haber caÃdo Jeff atravesado por la bala del cowboy. La muchacha penetró tras él y se desmayó al poco rato en sus brazos. Entonces, Las Vegas arrojó a Dale de aquel lugar, asegurando entre mil juramentos que aquél era un pleito que tenÃa que ventilarse únicamente entre usted y él.
Asà fue como Beasley oyó la voz del Oeste por boca de uno de sus propios servidores. Acerbas, sarcásticas, aceradas habÃan sido sus palabras. Aquel hombre habÃa trabajado antes a las órdenes de Auchincloss, habiendo desertado del rancho para seguir a Mulvey. Mulvey estaba ya muerto y la situación habÃa cambiado.