El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Le diré, patrón; la señorita Elena dice que como yo soy el capataz de este rancho, conviene que yo me siente con usted, esta noche, a la mesa en cena de despedida —repuso el cowboy con voz fría, melosa e irónicamente amistosa; pero su mirada era la del halcón pronto a lanzarse sobre su presa.
La réplica de Beasley fue vaga, incoherente, desabrida.
Las Vegas se sentó delante de Beasley.
—Coma usted o no coma, a mí me es lo mismo —dijo, empezando a servirse con la mano izquierda, mientras mantenía la derecha apoyando ligeramente la punta de los dedos en la mesa.
Ni un momento apartó su vista viva y penetrante de los ojos de Beasley.