El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Dale sacudÃa la cabeza con penosa incertidumbre cada vez que le preguntaban por Las Vegas. Hubiera sido una cosa muy propia de él desaparecer sin dejar rastro. Pero más propio y digno de él era permanecer oculto y alejado hasta que en la mente de sus amigos no pudiera quedar ya el menor recuerdo de su borrachera y sus transportes. La desaparición de Las Vegas pareció afectar menos nos a Bo que a Elena. Pero Bo cada dÃa mostrábase más inquieta, más malhumorada y más voluntariosa. Elena creÃa adivinar la causa de estas intemperancias de carácter, y una vez aventuró una pregunta referente al regreso de Carmichael.
—Si Tom no vuelve pronto, me casaré con Milt Dale —le repuso Bo, ásperamente.
—¿Qué dices, chiquilla? ¿No sabes que Milt Dale es mi novio? —protestó Elena, medio enfadada.
—Ciertamente; pero ¡tardáis tanto en casaros! Por lo visto yo tengo más prisa que vosotros.
—Hermana, el corazón me dice que Tom no tardará en presentarse. Te amaba demasiado para que su ausencia pueda prolongarse todavÃa mucho más.
—¿De veras, Elena? ¿Lo crees as�
—Indudablemente. Te amaba mucho más de lo que tú te merecÃas.