El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —También yo estoy muy contenta de verle —contestó Bo.
Ella y él se estrecharon efusivamente las manos, como antiguos amigos.
—Tiene usted cara de alegrÃa y salud dijo él.
—¡Oh, me encuentro admirablemente! Y a usted, ¿cómo le ha ido durante estos seis meses?
—Creà que mi ausencia habÃa durado bastante más —respondió—. Ahora me encuentro bastante bien; pero he sufrido mucho del corazón.
—¿Del corazón? ¿Cómo es eso?
—¡Oh, nada tiene de extraño! Exceso de alimentación. En Nuevo Méjico cogà la mala costumbre de comer demasiado.
—¿Sabe que usted coloca el corazón muy abajo? —exclamó Bo, riendo.
En seguida se acercó al potro para contemplarlo a su sabor de frente y de costado.
—Bo, es un animal magnÃfico —declaró Roy—. Nunca vi un caballo más bonito. Correrá como el viento. Tiene una mirada muy inteligente. Demasiado nervioso, tal vez; pero preveo que éste será su caballo favorito.
Bo se acercó poco a poco, hasta tocar al animal, sin asustarlo. Lo halagó con varias palmadas, hasta que se le rindió a su voluntad.