El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —De ningún modo, Bo —protestó Las Vegas—. Soy poco amigo de burlas, y nunca he hablado más seriamente que ahora.
—¡Pues yo quiero montar el potro esta tarde! —declaró la muchacha con aplomo.
Las Vegas comprendió el sentido de estas palabras y a punto estuvo de caerse redondo de alegrÃa.
—Si lo que usted ha dicho no es una broma —añadió la feliz muchacha—, vaya inmediatamente a buscar un pastor para que nos case hoy mismo, antes de comer. Procure únicamente presentarse un poco más en armonÃa con su papel de novio.
El imperioso tono de su voz fue cambiando a medida que iba advirtiendo el efecto maravilloso que sus palabras prometedoras producÃan en el enamorado cowboy. Con los colores del más vio rubor en sus mejillas, le echó los brazos al cuello, le besó y desapareció a toda prisa en la casa, dejando en el aire una estela de alegres y francas risas.