El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Ciertamente —respondió Riggs con expresión no exenta de amenaza.
—Esto es una locura; no logrará usted nada.
—Pues yo le juro que será usted mÃa o de nadie más —rugió con voz que demostraba egoÃsmo más que pasión amorosa—. De todos modos creo que un dÃa u otro hubiera elegido el Oeste para fijar en él mi residencia definitiva.
—¿No piensa usted llegar hasta Pine? —murmuró Elena perdiendo momentáneamente su aplomo.
—Elena, yo iré hasta donde usted vaya —declaró Riggs.
Bo, al oÃr esto, salto con la cara pálida y los ojos centelleantes.
—Usted dejará a mi hermana en paz —exclamó en un rapto de entereza y valor—. Si usted la sigue, yo haré que mi tÃo Al o cualquier cowboy de nuestro rancho le expulse a usted del paÃs.
—¡Hola, chiquilla! —replicó Riggs con frialdad—, veo que continúas tan mal educada como siempre.
—Yo no gasto los buenos modales con…
—Cállate, Bo —aconsejo Elena.