El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Es diferente, éste no se parece a los demás. Apuesto lo que quieras, Elena, a que hemos de encontrarle en Pine. ¡Ojalá! ¡Ojalá! ¡Cuánto me gustarÃa que estuviera en este tren!
—También a mà me ha producido muy buen efecto, Bo.
—Pero él me ha mirado a mà primero, de modo que tú no tienes por qué hacerte ilusiones. ¡Oh!, el tren ya se pone en marcha. ¡Adiós, Alburquerque! ¡Qué nombre más feo! Vamos a comer, Elena; me estoy muriendo de debilidad.
Elena, oyendo la charla de Bo, se olvido de sus penas y repartiendo con ella las gollerÃas que guardaba en la cesta de la merienda, recupero pronto su buen humor.