El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —No son bromas —declaró Elena—, ya sabe usted que no necesito sus amabilidades.
—SÃ, ya lo sé, pero soy su amigo y he de ayudarla a pesar suyo. Me separaré de usted cuando la deje en seguridad en casa de su tÃo.
Elena dio la espalda al importuno. Mientras tanto el cazador ayudaba a Bo a bajar los bultos del coche. Concluida la operación se dirigió a Elena.
—¿Es usted Elena Rayner? —preguntó.
—SÃ, señor.
—Yo me llamo Dale y he venido a recibir a usted.
—¡Ah, mi tÃo le envÃa! —exclamó Elena con satisfacción.
—No, no es su tÃo quien me envÃa, pero…
No pudo acabar la frase porque Riggs cogió a Elena por el brazo obligándola a apartarse algunos pasos.
—Diga usted, caballero, ¿es usted o no un enviado de Auchincloss? —preguntó arrogantemente.
Dale paseo su mirada de Elena a Riggs.
—No; he venido espontáneamente —contestó con calma.
—Pues tengo que advertirle a usted que estas señoritas viajan bajo mi protección —declaró Riggs.
Dale clavo entonces su mirada en Elena.
—Señorita —dijo—, creo haberle oÃdo a usted que no querÃa los servicios de este caballero.