El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Creo que debo decirle a usted… —y pareció vacilar antes de concluir la frase.
—¿Qué? —preguntó Elena.
—Algo no muy agradable. Pero no tenemos tiempo que perder y mis explicaciones resultarÃan ahora demasiado largas.
—¿Tanta necesidad tenemos de no perder un minuto? —repuso Elena.
—SÃ, señorita, creo que sÃ.
—¿No es ésta la diligencia de Snowdrop?
—No, la diligencia de Snowdrop tiene su partida señalada para mañana. Hemos contratado este viejo carruaje para poder partir esta misma noche.
—SÃ, cuanto antes mejor, pero no entiendo esta prisa —repuso Elena.
—No estarÃa usted segura viajando en la diligencia de mañana —explicó Dale.
—¡Que no estarÃa segura! —exclamó Elena—. ¿Qué quiere usted decir?
—No tenemos tiempo para entrar en discusiones, pero si quiere fiarse de mÃ…
—¡Fiarme de usted! —exclamó Elena—. ¿Ha venido para llevarnos a Snowdrop?
—Creo que serÃa mejor dar un rodeo para evitar Snowdrop —respondió Dale misteriosamente.
—Entonces, ¿me dejará en Pine en casa de mi tÃo Al Auchincloss? —preguntó Elena.