El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —SÃ, ésta es mi intención.
Elena contuvo la respiración. ComprendÃa perfectamente que algún grave peligro la amenazaba. Echó a aquel hombre una mirada escrutadora. Empezaban para ella los acontecimientos y los peligros propios del Oeste. ¡Cuán lleno de incógnitas se le presentaba en aquel momento su porvenir y el de su hermanita! Aquel hombre tenÃa que ser un explorador o un cazador; su continente, su mirada, el tono de su voz, todo hablaba en favor suyo. Elena, sin embargo, no sabÃa qué hacer, no sabÃa si debÃa o no confiarse a él.
—SÃ, pongo toda mi confianza en usted. Subamos al coche y partamos en seguida; por el camino me explicará lo que sucede.
—Vamos Bill, ¡en marcha! —exclamó Dale tomando asiento en el interior del coche. El cochero hizo chasquear el látigo y el coche se puso en marcha, perdiéndose pronto de vista a los grupos que iban quedando atrás.
Dale se quitó el sombrero y se inclinó respetuosamente colocando su fusil entre las rodillas. Con la cabeza descubierta parecÃa más guapo.