El Hombre del Bosque

El Hombre del Bosque

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—Yo soy un cazador —continuó Dale— y vivo en los bosques. Hace unas noches me sorprendió la tempestad y fui a guarecerme a una cabaña abandonada. Algunos hombres entraron después de mí en ella. Gracias a la oscuridad reinante me fue fácil esconderme de modo que ellos no pudieron advertir mi presencia. Hablaron sin sospechar que sus palabras podían ser oídas. Por esta causa pude descubrir que aquellos hombres eran los cuatreros capitaneados por Snake Anson. Habían acudido a una cita que tenían con Beasley. Éste no tardó en llegar diciendo a Anson que su tío de usted estaba próximo a abandonar este mundo y que presintiendo su próxima muerte le había llamado para que llegara a tiempo de hacerse cargo del rancho. Beasley dijo que tenía varias quejas contra su tío. Convino con Anson que éste se encargaría de hacerla desaparecer, para lo cual le informó del día que tenía que llegar a Magdalena. Una vez muerto su tío Al, no estando usted allí, ni existiendo, de momento, ningún heredero conocido, Beasley pensaba adueñarse de las propiedades del difunto. Una vez posesionado de ellas hubiérale tenido sin cuidado los pleitos que se hubiesen podido suscitar. Terminada la conversación y puestos de acuerdo los bellacos no tardaron en abandonar la cabaña. Al día siguiente fui a Pine, en donde todos los vecinos, excepto su tío Al, eran amigos míos, pero no de todos podía yo fiarme. Beasley es un hombre muy influyente y era de presumir, por lo tanto, que Snake Anson hubiese de tener como amigos las personas adictas a Beasley. Por este motivo me fui directamente a ver a su tío, quien nunca me había tenido el menor afecto por suponerme perezoso como un indio. Su tío Al detesta a los holgazanes. Tenía, además, un antiguo y hondo resentimiento contra mí, porque creía que un puma amaestrado que yo tengo le había matado un buen número de ovejas. Admitiendo la culpabilidad de mi animal, le ofrecí reparar el daño, pero no aceptó mi ofrecimiento. Cuando le expliqué lo que me llevaba allí se enfadó mucho y me arrojó del rancho. Me fui entonces en busca de cuatro amigos míos mormones, hermanos los cuatro, los puse al corriente del siniestro plan de Beasley, reclamando su ayuda, y por este motivo estamos aquí los cinco para librarla a usted de los ataques de Anson. Beasley tiene en Magdalena tanta influencia como en Pine, por cuyo motivo es preciso que obremos con gran cautela y prudencia. Mis amigos tienen aquí dos camaradas, mormones también, que han consentido en ayudarnos. Son los dueños de este carruaje, y gracias a ellos está usted en este instante viajando con nosotros.


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