El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Siguieron a esta orden algunos rezongos, algunos pasos y el sonido sordo de las pisadas de los caballos en la tierra húmeda. Al poco rato, un hombre volvió a entrar en la choza.
—¿Para qué nos has traÃdo aquÃ, Snake? —murmuró—. ¡Ya me figuraba yo lo que sucede!
—Paciencia, Jim; Beasley no puede tardar —fue la contestación desabrida e imperiosa.
Dale sintió acelerársele la sangre en las venas. Un escalofrÃo recorrió su cuerpo. El hombre que capitaneaba la pandilla era Snake Anson, el bandido más feroz, más temible y peligroso de toda la comarca. Los demás serÃan otros monstruos como él. Y el Beasley que acababan de nombrar era uno de los hacendados más ricos y respetados de Montañas Blancas. ¿Qué podÃa significar aquel contubernio convenido entre el rico ganadero y el bandido? Claramente tuvo que comprender Milt Dale que no podÃa significar nada bueno. ¡Cuántas misteriosas desapariciones de ovejas, pobreza y desesperación del pequeño pueblo de Pine, se explicaban ya fácilmente! También se explicaba la exagerada, la incomprensible prosperidad de Beasley.
Otros hombres más entraron en la choza.
—¡Vaya aguacero! —exclamó uno, y en seguida se oyó el ruido sordo de unos leños arrojados al suelo.