El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Claro que sà —respondió Elena con melancolÃa.
—Pues mejor harÃa en andarse con cuidado. Aquà hay muchos hombres que sabrán plantarle cara y no me gustarÃa estar en su pellejo.
Después de esto, Bo se puso a hablar de su tÃo y de la fatal enfermedad que tenÃa y luego de las personas que habÃan quedado en el hogar tan lejano ya que parecÃa haber quedado en el otro extremo del mundo.
Esto le llenó los ojos de lágrimas hasta que apoyada la cabeza en el hombro de Elena concluyó por dormirse.
Elena, en cambio, no pudo conciliar el sueño. Siempre habÃa deseado la vida activa y llena de sorpresas que habÃa admirado en las novelas, pero en aquel momento comprendió que le aguardaba un porvenir como el que se anunciaba de un modo tan amenazador; mejor hubiera sido continuar en su vida pacÃfica del hogar.