El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Snake Anson es muy hábil en seguir las huellas —dijo uno de ellos.
—Tú dirás lo que hemos de hacer, Milt —dijo Roy mirando las estrellas—. La aurora está próxima, los caballos están dispuestos; puedes perfectamente estar entre los pinos al salir el sol.
Siguió un silencio durante el cual Elena pudo oÃr los latidos de su corazón y la respiración jadeante de su hermanita.
Las dos miraron por la ventanilla con las manos entrelazadas, aguzando el oÃdo presas de gran sorpresa.
—Es muy posible que el jinete que hemos visto pasar la noche anterior no fuera un mensajero de, Anson —calculó Dale—. En tal caso, ¿por qué viene siguiendo las huellas de nuestros caballos y de nuestro coche?
—No teniendo la menor noción de que hemos pasado por aquà se dirigirá a detener la diligencia ordinaria. ¿PodrÃas volver atrás, Bill, para encontrar la diligencia antes que Anson?
—Creo que sÃ, sin correr mucho —contestó Bill.
—Muy bien —aprobó Dale al instante—. Vosotros, John, Joe y Ha], retrocederéis hasta encontrar la diligencia, y cuando la encontréis, subid a ella y esperad la llegada de Anson.
—Ésa será una aventura muy divertida —manifestó John.