El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —SÃ, y le deben mucho dinero. Es preciso reponer las existencias del almacén. Y no me es posible contraer más deudas.
—¡No, diablos! Tendremos que hacer algo, patrón. Me parece que estamos en una situación muy mala. ¡Como si yo no tuviera ya bastantes preocupaciones, sin necesidad de los disgustos que me da mi hija!
—¿Bonita? —preguntó Gene rápidamente con cariñoso acento.
—SÃ, Bonita. Me da vergüenza confesarlo, patrón, pero es una pequeña diablesa completamente inútil para el trabajo. Después de todo lo que tu esposa ha hecho por Bonita… educarla… convertirla en una señora…
—¿Qué quieres decir, Danny?
—Bonita ha vuelto locos a todos los vaqueros, pero ninguno de ellos le importa un pepino. Es blanca y quiere unirse a los blancos. Ren Starr, tú lo sabes, estaba terriblemente enamorado de ella. Pero los coqueteos de Bonita, o acaso alguna cosa peor, no lo sé, le hicieron reñir con ella. Bonita va a la ciudad en cada ocasión que se le presenta, bebe y no sé qué más hará. DeberÃa matarla de una paliza. Pero no puedo. Quiero a esa criatura tanto como quise a su madre. ¡Bonita, a quien tú salvaste hace mucho tiempo!