El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —SÃ, lo recuerdo, Danny, viejo amigo. Es muy duro para nosotros el sentirnos viejos, el no poder comprender a la generación presente, mucho más joven que nosotros… Yo también tengo una hija, Danny, que debe de llegar a casa hoy mismo o mañana.
—¿Viene Majesty? ¡Ah, patrón! Eso es estupendo. Va a ser como una inyección de vida para nosotros. Me alegro mucho. Esta vez, espero que conseguirás obligarla a que se quede en casa.
—Obligarla… Danny: ¿No acabas de reconocer que no te es posible hacer nada respecto a Bonita?
—Asà es. Pero ¿qué diablos tiene eso que ver con Madge?
—Sospecho que las dos muchachas son exactamente iguales.
—¡Dios nos ayude, patrón!
Gene giró la llave de la destartalada puerta del almacén y la abrió completamente. Los estantes estaban casi vacÃos. Algunas estampas de colores chillones, tarros y cantarillos de caramelos amarillos y rosa, chucherÃas para chiquillos, y una pequeña cantidad de tabaco y de cigarrillos era lo que componÃa la tienda regentada por Nels. Durante el invierno, el viejo se sentaba junto a la antigua estufa para fumar la pipa y arrojar leños al fuego; y para hablar de otros tiempos cuando, en raras ocasiones, entraba alguien en el establecimiento.