El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —¿Quién podrÃa ser? —preguntó ahogadamente Gene—. Quizá traiga algún telegrama importante. Espero que no se trate de malas noticias. Nels, ¿tienes a mano los gemelas de campaña?
—No los necesito para nada, Gene. ¡Es Majesty! —exclamó con voz sonora Nels.
—¡Madge!… ¿La reconoces de veras? ¿O es una de tus corazonadas?
—Hay algo de ambas cosas… Mira de qué modo avanza el automóvil. Seguramente, Gene, eso te hace sentirte tan joven como a mÃ.
—¿Joven? ¡Dios mÃo, lo que me hace es sentirme un viejo inválido! —contestó Gene; y se sentó porque las temblorosas piernas se negaban a continuar sosteniéndole.
Sin embargo, comprendió que aquel audaz conductor era Madge, y se preguntó por qué no lo habrÃa adivinado instantáneamente. En el mismo momento experimentó una sensación de orgullo al observar la fogosidad y la habilidad de la muchacha, que era capaz de conducir un automóvil velozmente… de montar un caballo con la habilidad de un indio… de hacerlo absolutamente todo.
—Nels, ¿de qué color es el auto? —preguntó Gene, cuyos ojos se habÃan empañado.