El Rancho Majestad
El Rancho Majestad La muchacha se separó y dio unas vueltas ante su padre, como las modelos de una casa de modas; y desde su dorada cabeza hasta los diminutos pies pareció un compendio de gracia y de belleza, llena de vida. Luego, sus ojos, completamente abiertos, le recordaron la imagen de la chiquilla y le demostraron que aquella hermosa mujercita era su querida Madge. fue un momento profundo y conmovedor para Gene.
—Madge, hija mía, eres tú… y, sin embargo, no eres tú. Reconozco tus ojos, tu mirada, tu sonrisa. Todo lo demás me es desconocido… especialmente esto —y al decirlo acarició un ondulado mechón del cabello de su hija.
—Mamá ha dicho casi lo mismo —replicó Madge riendo—. Los dos habíais olvidado cómo es vuestra hija. —No mucho— dijo Gene.
—Cuando te fuiste, tu cabello era castaño, Madge, como el mío antes de que se oscureciese —añadió la madre.
—Bueno, queridos viejos; dejemos esa cuestión. Me siento verdaderamente decepcionada. Estaba segura de que os entusiasmaríais al verme.
—Si eres siquiera tan buena como una centésima parte de lo hermosa que eres, seré el padre más feliz de todo el Oeste.