El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —Hacia las tres de la mariana la tranquilidad es casi completa. A veces transcurren dos horas sin que pase por ella ni un solo automóvil.
—Entonces, ésa debe de ser la hora en que los ladrones vengan a cargar los camiones de reses —concluyó Lance.
—Estarnos de acuerdo. Y, aun así y todo, es bastante arriesgado para ellos. Los ladrones de los tiempos antiguos no serían tan audaces —comentó Stewart.
—Patrón, ahora tenemos que vernos las caras con toros delincuentes de género diferente a los antiguos —añadió Starr.
—Me parece que los conductores de esos camiones no deben de ser habituales ladrones de ganado. Esos hombres son, seguramente, delincuentes de la ciudad; y si roban reses, lo hacen para ocultar otras actividades bajo ésa. Son gangsters. Lo más probable es que sean también «salta-cabezas».
Stewart elevó su leonina cabeza y miró sostenidamente a Lance.
—¿Te he oído, vaquero, pronunciar esa misma palabra, «salta-cabezas», hace menos de una hora? —preguntó.
—Sí, señor. Es posible —contestó sobresaltado Lance—. Puedo explicarla.
—Muy bien. Continúa. ¿Qué es un «salta-cabezas»?