El Rancho Majestad
El Rancho Majestad Un momento más tarde habían desaparecido y dejado a Lance en un extraño estado de ánimo. No acertaba a comprender lo que debía pensar ni por qué razones no había hecho acto de presencia. En aquel momento, su romántica aventura estalló como un globito pinchado. Pero su consuelo no fue tan grande como su lamentación. No volvería a ver a Madge. Si el aparentemente amistoso contacto de la joven con el gángster había rebajado la estimación de Lance, todo ello no parecía tener mucha importancia. Él casi simpatizaba con Bee Uhl, nombre que era un apodo. Después su simpatía se desvió hacia la fogosa muchacha. Le pareció apreciar que sería imposible para ella divertirse, al menos con los hombres, siguiendo sus naturales impulsos de coquetería, el buscar jugueteando lo que pedía a la vida, sin experimentar luego un amargo desencanto al despertar. Una muchacha tan hermosa como ella era, que irradiaba un encanto tan intenso y tan fatal, debería ingresar en un convento, o en otro caso esperar que se produjese en torno suyo una especie de catástrofe de Troya. Sin duda ella misma deseaba que esto se produjese. Lance se felicitó por la gran suerte que había tenido al evitar el encuentro; y, sin embargo, cuando ya era demasiado tarde, experimentó el deseo de que las cosas hubieran tomado un rumbo diferente.