El Rancho Majestad
El Rancho Majestad Madge se puso en pie y comenzó a dar unos pasos. Cada vez que el pie lesionado tocaba el suelo, debÃa de sufrir un dolor muy grande. Lance pudo apreciarlo. Puso una mano bajo el brazo de ella, y medio la levantó para que pudiera caminar. Llegaron a una senda donde el andar fue más fácil para Madge. Cuando llegaron a los pinos, la muchacha avanzaba de un modo vacilante. Pero Madge no era una mujer que pudiera renunciar a sus deseos fácilmente.
—¿Por qué no me permite usted que la lleve? —preguntó él—. En cierta ocasión, me lo permitió.
—Ésa no es razón.
—Si no es usted la mujer más extraña y más incomprensible que he conocido… ¡serÃa capaz de comerme el sombrero! —declaró Lance.
—¡SÃ, ahora que no tiene usted ninguno! —replicó ella. Cuando comenzó a caminar nuevamente, Lance comprendió que Madge no podrÃa dar muchos pasos. Por último, la muchacha lanzo una exclamación. Casi simultáneamente, sin decir una sola palabra más, Lance la cogió en sus brazos y continuó avanzando. Mientras la levantaba y colocaba de la manera más cómoda para ella, dijo:
—¡AsÃ! Apenas siento su peso. ¿No es mejor de este modo?