El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —Usted ¿s�
—PodrÃa usted apostar la vida a que la conozco mucho mejor de cuanto usted pueda suponer —dijo él ahogadamente.
—Descanse aquÃ, joven Lonchivar, o terminará por caerse. He pensado que no es usted tan fuerte como presume ser. Esa magnÃfica figura está vacÃa lo mismo que su cabeza.
El exceso de carga que soportaba forzó a Lance a emitir un gemido. Cuando llegaba a mitad de camino de la casa, se sentó sobre un peñasco del parque para recobrar energÃas, pero no soltó a Madge. Y de repente el joven recordó lo que ella habÃa dicho a Rollie la noche anterior. Bajo la electrizante fuerza del recuerdo, Lance se levantó con la violencia y la energÃa propias de un gigante y de un demonio, rodeó con uno de sus brazos el cuerpo de la joven y la apretó contra su pecho. Madge permaneció completamente tranquila. Entonces Lance comenzó a besarla, no con ninguna intensidad de sentimiento, sino, sencillamente, como un ensayo.
—¡Vamos! ¡Me parece que ya era hora! —murmuró Madge.