El Rancho Majestad
El Rancho Majestad Luego, mientras continuaba caminando vacilante bajo los pinos, Lance mientras besó las mejillas, los ojos, el cabello, el cuello… y cuando al fin ella protestó la obligó a enmudecer poniendo un beso largo y apasionado en su boca, un beso que superó en intensidad a cuanto hasta entonces habÃa saboreado Lance.
—¡Maldito! —murmuró ella, apartándose un instante para respirar. Y comenzó a darle golpes con los puños cerrados, a tirarle de los cabellos—. ¡Me ha ofendido usted!
—¡Ofenderla!… Dios mÃo… SerÃa una cosa imposible —respondió él burlona y ahogadamente—. La he oÃdo decir que… que la gustaba.
—¿Qué me ha oÃdo decir?
—Mis besos, deben ser para usted tan buenos como los de cualquiera de esos amigos suyos… y, ¡por todos los cielos!, mucho más puros y mucho más limpios… a causa de la falta de práctica.