El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —¡Oh, locuras! —exclamó avergonzada repentinamente de sà misma, tan agitada que el furor no pudo persistir—. He aplazado durante demasiado tiempo este dÃa del reconocimiento de la verdad.
Su exclamación debió de ser oÃda en el exterior, puesto que en el pasillo sonó el repiqueteo de unos tacones altos.
—Majesty —gritó Allie con ansiedad—. ¿Has dicho algo?
—No serÃa extraño, Estaba maldiciendo. Entra. Tengo que contarte una historia. ¿Qué ha sucedido?
—¿A mÃ?… Fui despedida del coche y caà en el polvo —murmuró Allie—. Quedé tan cegada, que no pude ver nada absolutamente. El automóvil habÃa desaparecido, y tú con él. Volvà a tientas a mi habitación y me lavé para quitarme el polvo de los ojos. Y después he estado paseando bajo los pinos, he llegado a la carretera, esperándote.
—Es curioso que no hayas visto cómo me traÃa el vaquero, o que no hayas oÃdo el ruido de los besos que me dio. ¡Deben de haber sonado como el tronar de una batalla decisiva para el mundo!
—¡Majesty!
—Ten cuidado, querida. Estoy lesionada. También me caà del automóvil. Me duele mucho un pie… Acompáñame hasta el cuarto de baño.