El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —Lo temÃa… Pero, de todos modos, deberá usted salvarme de él… y obtener el rescate. Pagaré todo lo que sea preciso. Pretende quedarse definitivamente conmigo. ¡Por amor de Dios, por el de mi madre… por el mÃo…, lÃbreme de ese horror!
—Lo intentaré… Conserve la entereza… ¡Vigile! —susurró roncamente Lance; y se volvió para salir. Antes de encararse con los gangsters, pensó que serÃa conveniente ir al bosque a cortar más ramas. Recobró la serenidad, recogió otra carga grande, la llevó al campamento y dijo a Flemm:
—Se está haciendo muy tarde. DeberÃa estar oliendo los caballos.
—¿Qué es eso?
—Buscándolos.
—Siéntate y estate quieto. O dedÃcate a pelar patatas o a cualquier otra cosa.
—¡Uhl! —gritó Lance repentinamente.
El jefe de los gangsters salió del sueño con sorprendente rapidez y se sentó parpadeando vivamente.
—Estos amigos no quieren permitirme que vaya en busca de los caballos. He encontrado solamente dos. DeberÃa dar un paseo por esos bosques cara dar con ellos.
—Ve en seguida, vaquero. Pero no olvides que queremos cenar pronto.