El Rancho Majestad
El Rancho Majestad Lance corrió en busca de su silla, de la brida y de las mantas temblando por efecto de la agitación de sus nervios. Durante todo el día había estado meditando sobre la necesidad de ensillar a Umpqua. Cuando se encontró montado sobre su caballo, le pareció que la hora cumbre de los acontecimientos estaba cercana. Se aleló a toda carrera hasta un lugar en que los gangsters le perdieron de vista, y regresó a un punto desde donde podía observar el campamento. El calor del día comenzaba a desvanecerse, y un crepúsculo de fuego incendiaba el horizonte. Lance vio que Uhl, con la cabeza descubierta y sin chaqueta, se dirigía hacia la cabaña. ¡Y entró en ella!
Éste era el momento que Lance esperaba para regresar. Tenía que hacer frente a la gravedad de los acontecimientos. El terror y el pánico dieron lugar a la furia, y cuando llegó al claro era nuevamente como de acero… frío y duro de cuerpo y espíritu. Se aproximó audazmente al enorme pino que había frente a la cabaña y se detuvo. Flemm y Fox le observaron con curiosidad. Con un gesto que era una advertencia, Lance señaló la senda hacia la abertura del claro del bosque. Los dos gangsters se vieron obligados a levantarse de un salto y a mirar. En aquel momento, la voz de Madge decía angustiosamente:
—¡No… Uhl!… Pagaré el rescate. Pero…