El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —Tú fuiste quien empezó la cuestión, muchacha. Tienes que terminarla. No ha habido todavÃa en el mundo ninguna mujer que haya jugado conmigo —replicó él con frÃa cólera.
—¡Sà que he jugado contigo! —protestó ella—. Pero no lo hice con la intención que supones.
—Ya no importa nada… Es preciso terminar de una vez.
Lance se apeó de un salto y se aproximó a los dos excitados gangsters Su actitud habrÃa bastado para sorprender y asustar a cualquiera.
—¿Dónde está Uhl? —preguntó.
—Dijo que iba a hacer el amor a su pina —contestó Fox—. ¿Qué te sucede?
—He llegado hasta la parte trasera de esa pendiente, y he visto dos caballos en el punto en que el camino comienza a ascender. Al principio creà que serÃan nuestros, pero ambos llevaban jinetees y venÃan en esta dirección.
—¡Jinetes! ¿Quieres decir que los caballos iban montados por hombres?
—Eso es lo que he dicho. Es posible que sean más de dos. Me parece una cosa de mal agüero. Lo mejor que podéis hacer será deslizaron hasta el principio del camino, ocultaron entre las ramas, y adquirir la seguridad.
—¿De qué?