El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —OÃd, novatos —replicó Lance—, si hubierais de permanecer aquà por espacio de una semana, aprenderÃais a apreciar los lechos blandos.
—¡Una semana! ¿Qué diablos dices? Mi lÃmite es dos dÃas —contestó Fox.
Lance se alejó con el hacha en la mano, mientras meditaba en las complicaciones que aquellos violentos hombres podrÃan provocar al dÃa siguiente. Siguió cortando brazadas de ramas y acercándose a la puerta de la cabaña y sin dirigir una sola mirada a los gangsters, entró audazmente.
Con gran sorpresa, observó que Madge habÃa estado esperándole, seguramente en tanto que le observaba, puesto que saltó hacia él.
—¡Lance…! ¡Querido! —murmuró. Y le apretó los brazos con sus manecitas de hierro.
Lance deje caer la carga en el suelo. El encanto que ofrecÃa la muchacha, mayor que el habitual, debÃa de obedecer a la intensidad de su emoción. TenÃa el rostro encendido y los ojos brillantes.
—¿Es usted honrado o malvado? —añadió.
—Tan malvado… como un demonio —contestó el joven.