El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —Pero a cada momento que pasa, es probable que se vayan más lejos.
—A mà no me importa. Prefiero andar, mejor que ir a caballo.
Lance se volvió y comenzó a secar los chismes que Stewens estaba fregando.
—Rollie, ésta es una situación un poco dura —dijo—. No la conceda demasiada importancia, sin embargo. A usted no le sucederá nada, salvo que perderá algún dinero… que no le hace mucha falta.
—No me importa el dinero. Temo por Majesty. Todo ha sucedido por culpa mÃa. SÃ, yo tengo la culpa de que hayamos sido apresados por esos rufianes. La convencà para que saliera…, la engañé… Y fuimos detenidos.
—Sidway —le interrumpió Flemm burlonamente—, no me pareces precisamente un guÃa modelo. ¡Cállate! Lance se abstuvo prudentemente de continuar hablando, aun cuando los dientes le rechinaron. Cuando hubo terminado el trabajo que estaba haciendo, cortó y preparó una cantidad de leña, la mayor parte de la cual era corteza de árboles. Después cortó grandes brazadas de ramas de abeto y las Llevó al campamento.
—Hay en ti algunas cosas muy malas, Sid; pero haces muy bien estas labores campestres —comentó Flemm.
—¡Ja, ja! Aprendió a hacerlas en Chicago —dijo riendo Fox.