El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —Pero… ¿la ha herido Uhl? —preguntó Sidway con ronca y firme voz.
—No tengo más daño que el del golpe… ¡Lance!… ¿Lo ha matado usted?
—SÃ.
—¿Me ha salvado… usted?
—SÃ.
—¡SÃ! De algo terrible… Uhl no se proponÃa soltarme cuando recibiese el rescate. HabrÃa intentado llevarme con él… ¡Dios misericordioso! ¡Qué idiota fui… al coquetear con Honey Bee Uhl!
—Es muy difÃcil curar a algunas mujeres de su coqueterÃa —replicó Sidway con una entonación que no le habrÃa sido posible definir. Le parecÃa hallarse muy lejos, lejÃsimos de ella.
—¡Estoy curada… Lance!
—No se engañe usted. Jamás podrá abstenerse de mirar a los hombres.
—¡Por amor de Dios!… Tengo ojos… No puedo volver siempre la cabeza en otra dirección… No puedo estar siempre sin mirar.
—Una mirada de sus ojos es suficiente para…
—¿Para qué?
—Para incitar a un hombre a la locura…, al secuestro…, al ultraje…, al asesinato…
—¡Oh!… No a un hombre «verdadero». ¿Qué quiere usted decir?