El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —¡Detente en el acto!, —gritaron desde el automóvil. La luz de una linterna deslumbró a Lance.
—¡Muy bien! —gritó al mismo tiempo que cumplía la orden que se le transmitía.
Dos hombres saltaron a la carretera, y la puerta del automóvil se cerró. El automóvil continuó avanzando hasta detenerse delante del camión. La portezuela de Lance fue abierta bruscamente, y la luz inundó su cabina. Detrás de un brazo extendido, cuya mano sostenía una pistola, el joven pudo ver dos rostros, uno de los cuales estaba enmascarado. Lance oyó ruido de pasos detrás de su camión y el rechinar de unos cerrojos.
—Bud, ¿habías visto a éste antes de ahora? —preguntó el bandido que sostenía el arma.
—No. También es nuevo —contestó lacónicamente el otro hombre.
—¿Quién eres?, —preguntaron a Lance.
—Un vaquero de Arizona —contestó Lance—. Estoy sin trabajo y accedí a guiar este camión.
—¿Quién te contrató?
—No lo sé. Cinco hombres que estaban en un automóvil negro en Douglas.
En la parte posterior del automóvil, rechinó una bisagra y se produjo un crujido de lonas.
—¡Está vacío! —gritó con voz áspera y malhumorada un hombre.