El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —Lance, has sido muy cariñoso conmigo. PodrÃa mentirte, pero no lo haré. Al fin, he conseguido encontrar una buena ocasión para mÃ. Ya sabes lo que eso significa. Tengo que sufrir un examen… Puedes estar seguro de que te quiero. No te apartes de mÃ, querido, y cuando sea una estrella…
Asà era Hollywood; pero Lance Sidway no era asÃ. Al considerarlo en aquel importante momento, aquello le pareció una circunstancia decisiva.
«VolverÃa a suceder otra vez» —murmuró melancólicamente—. «Y caerÃa lo mismo que antes. SÃ, es lo que me sucederÃa… ¡Esto ha terminado!», —decidió.
E irguióse para observar la Sierra Madre, tras de cuyas barreras habÃa otras tierras turbulentas. Caminó a través de una amplia extensión cubierta de rosas y percibió perfectamente su color y su fragancia. SÃ, eran hermosas, pero él preferÃa las flores silvestres. Entretanto, daba vueltas en su imaginación al problema de conducir a Umpqua fuera de California. El caballo estaba gordo y necesitaba trabajar. A Lance no le agradaban mucho las carreteras asfaltadas; sin embargo, acaso desde Palm Springs hacia el Sur le serÃa posible encontrar terreno blando. Una vez que se hallase nuevamente en condiciones, Umpqua serÃa capaz de recorrer cincuenta millas diarias sin fatigarse.
