El Rancho Majestad
El Rancho Majestad El jefe de la banda apoyó la linterna.
—¡Márchate, vaquero, dondequiera que tengas que ir, y di a tu jefe que hemos descubierto su artimaña!
—Henry, si hay algún atajo, aunque sea muy malo, podremos recorrerlo en ese coche —dijo roncamente el hombre llamado Bud. TenÃa una áspera y ronca voz que Lance podrÃa recordar con facilidad. Los cuatro bandidos corrieron y se introdujeron en su automóvil.
—Da la vuelta y marcha a toda velocidad —ordenó el jefe.
Un momento más tarde, el coche rugÃa por la carretera en dirección al Este, y Lance tenÃa ante sà el camino despejado. Libre de preocupaciones referentes al encuentro, y cada vez más interesado, corrió rápidamente hacia Tucson. El joven comprendió que se le habÃa utilizado únicamente para despistar a aquella banda. La artimaña de recurrir al transporte de ganados parecÃa destinada a desconcertar y hacer perder la orientación a muchos de los bandidos que actuaban en aquellas proximidades.