El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —¿Eres forastero? —contestó el hombre que se hallaba de servicio mientras le miraba atentamente—. En esa calle hay muchÃsimos sitios donde podrás comer.
—Muchas gracias. SÃ, soy forastero. Y no tengo inconveniente en decirle que si he venido conduciendo ese camión es porque estaba completamente arruinado. Me han detenido en la carretera, y he pasado un mal rato.
—No es extraño si tenemos en cuenta la compañÃa… has tenido mucha suerte.
—¿SÃ? ¿Qué podrÃa haberme sucedido?
—No puedo decirlo.
—¿Ha visto usted ese camión antes de ahora?
—SÃ, y otros muchos iguales. Suelen ir y venir cada seis semanas, sobre poco más o menos.
—El negocio de ganado debe de ser muy bueno, puesto que es posible transportar los novillos en camiones —comentó Lance; y después de esperar un instante la respuesta que no y obtuvo, salió y comenzó a caminar calle arriba. En el centro de la segunda manzana encontró un café en el que le fue servida la cena. En la esquina inmediata habÃa un hotel. Unas preguntas le produjeron el resultado de averiguar que a la mañana siguiente podrÃa tomar a primera hora un autobús que le conducirÃa a Douglas. Lance se acostó. Loas acontecimientos de aquel dÃa habÃan sido lo suficientemente impresionantes para producirle una abundancia de pensamientos y de consideraciones, pero no le mantuvieron despierto.