El Rancho Majestad
El Rancho Majestad Sin embargo, a la mañana siguiente, en el autobús, no hizo otra cosa que pensar. Lance necesitó reflexionar durante todo el largo viaje para llegar a la conclusión de que no tenía objeto para él el interesarse por las actividades de Uhl. No quería volver a conducir ningún camión sospechoso. Aparte de la pintoresca experiencia que representaba, aquel encuentro con Uhl no tenía suficiente atractivo para interesarle. Lo que le preocupaba era la singular relación del gángster con la muchacha estudiante; esto era lo que le obligaba a continuar haciéndose preguntas, formular conjeturas, y a pensar que debía poner en guardia a la muchacha. Pero ni siquiera conocía su apellido. Y el regresar a Los Ángeles con la esperanza de encontrarla conociendo solamente su nombre le parecía un acto absurdo. Sin embargo, la conciencia le atormentó. Esta sensación de inquietud desapareció más tarde y dio paso a una creciente impresión de pesadumbre. Cuando, una vez llegado a Douglas, fue a ver Umpqua, concibió una provocativa imagen de Madge cabalgando en su hermoso caballo, imagen que dio origen a un íntimo disgusto por lo que tenía de sentimental. A pesar de todo, el pensamiento de la muchacha persistió en su cerebro; y, finalmente, se resignó a ser continuamente torturado por él.