El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —Perdóneme, señor Stewart —le interrumpió Lance presurosamente—. No me gusta adornarme con plumas ajenas. Starr no me conoce más que usted. ¡Nos conocimos anoche! Inmediatamente simpatizamos y trabamos amistad. Me dijo que acaso me tomase usted a su servicio, y me ofreció una carta de presentación.
—Comprendo. ¡Asà es Ren! Apéese, y entre.
El joven desmontó y abandonó la brida. Stewart se dirigió a uno de los asombrados indÃgenas.
—Pedro, da agua al caballa y quÃtale el polvo… Vaquero, tiene usted una montura estupenda. No le encuentro ningún defecto. Cualquier ranchero del Oeste le darÃa con gusto trabajo a usted sólo por poder disponer de una ocasión de comprarle o robarle el caballo.
—Umpqua es un magnÃfico animal —contestó Lance mientras el ranchero le acompañaba hasta un asiento del porche de lo que parecÃa un almacén.
—¡Nels, sal! —gritó el ranchero ante la abierta puerta del edificio. Al no recibir respuesta, añadió quejosamente—: Nels debe de estar por ahà fuera, esperando a mi hija para hacerse cargo de sus caballos. Vaquero, va a resultarle muy difÃcil conservar ese caballo.